Mujer emprendedora y atleta: el sueño de Kannodol que levantamos desde casa
Kannodol nació en mi casa. David la dirige con su socio; yo he estado a su lado en todo: lo duro, las formaciones y la imagen. Así lo he vivido.
Cuando la gente me ve con la camiseta de Kannodol en un campeonato, piensa en un patrocinio. Y lo es. Pero detrás hay una historia mucho más larga, que empezó en mi casa, bastante antes de que yo pisara un escenario.
Kannodol nació en casa
Kannodol existe desde 2016. La dirige David, mi marido, junto a Albert, su socio y un amigo íntimo de la familia. Ellos llevan la empresa. Yo no la gestiono, y quiero decirlo claro, porque mi papel ha sido otro.
Mi papel ha sido estar. Estar al lado de David todos estos años, en lo bueno y, sobre todo, en lo malo.
Emprender no es lo que se ve en Instagram. Es pasar meses en los que no sabes si va a salir bien. Es apretarse el cinturón en casa, de verdad, porque todo lo que entra vuelve a la empresa. Es ver a tu pareja trabajar hasta tarde y aprender a sostenerlo cuando llega cansado. Esa hambre y esos sacrificios los hemos pasado juntos, en casa. Y nunca he dejado de creer en su sueño, que con el tiempo ha sido también el mío.
El stand de Kannodol en un mercado al aire libre.
Lo que hago yo: poner la cara y estar en todo
Si tuviera que resumir lo que he hecho por Kannodol, diría que he estado en todo.
He ido con David a las formaciones, para entender bien lo que vendemos y poder explicarlo. He hecho la imagen de la marca: las fotos, los vídeos, los reels, el canal de YouTube y alguna entrevista en la radio. He estado en mercados y en ferias, al lado del stand, hablando con la gente. Y he probado los productos en mi propia piel, cada día, desde mucho antes de pensar en competir.
En los carteles de la marca aparezco como atleta y embajadora de Kannodol. Me gusta esa palabra, embajadora, porque es exactamente lo que soy: alguien que cree en lo que hay detrás y lo cuenta.
Cartel de Kannodol en el que aparezco como atleta y embajadora de la marca.
Ser emprendedora sin tener la empresa a tu nombre
Mucha gente cree que ser una mujer emprendedora es tener una empresa a tu nombre. Para mí es otra cosa: es la actitud de empujar un proyecto como si fuera tuyo, levantarte cuando no sale y no esperar a que nadie te dé permiso.
Tengo tres hijas y he tenido tres trabajos a la vez. He sido la imagen de una marca, he llevado una casa y, a los 41, me puse a competir. Lo cuento en empezar a competir a los 41. No creo que haga falta un cargo para sentirse emprendedora. Hacen falta ganas, constancia y alguien al lado que crea en ti.
Cuando la marca me devolvió el apoyo
Durante años yo apoyé el sueño de Kannodol. Y un día, Kannodol apoyó el mío.
Cuando decidí prepararme para competir, la marca estuvo ahí desde el primer día: con los productos que ya usaba y con los viajes, los hoteles y las inscripciones. Lo explico entero en sin un patrocinador no habría llegado al Mundial.
Por eso digo que hemos crecido juntos. Yo puse la cara y el esfuerzo de tantos años en casa. La marca me ayudó a llegar a un Mundial.
De perfil delante de la pared de Kannodol.
Lo que le diría a otra mujer
Si estás al lado de alguien que emprende, tu papel cuenta, aunque no aparezca en ningún papel. Y si eres tú la que quiere empezar algo, empieza. No hace falta tenerlo todo claro: hace falta dar el primer paso y no soltarlo.
Yo lo aprendí en casa, mucho antes que en el escenario. Lo de la disciplina y la constancia viene de ahí.
Si quieres conocer la marca, está en kannodol.com. Y si quieres conocerme un poco más, empieza por mi historia.