Brasileña y enamorada de la cocina catalana: mis calçots
Nací en Brasil, pero la cocina catalana y mediterránea me ha conquistado. Así descubrí los calçots, y por qué para mí comer bien también es disfrutar.
Nací en Brasil. Crecí con otros sabores, otros horarios y otra forma de sentarse a la mesa. Y sin embargo, hoy puedo decir que la cocina catalana y mediterránea me ha conquistado.
Vivo en Navàs, en el corazón de Cataluña, y aquí la comida no es solo comer: es reunirse, alargar la sobremesa y celebrar cosas sencillas.
Mis primeros calçots
Si hay algo que resume para mí la cocina catalana, son los calçots.
Para quien no los conozca: son una especie de cebolla tierna y alargada que se asa a la brasa hasta que la capa de fuera queda negra. Se cogen por la parte de arriba, se tira de la de abajo para quitar la piel quemada, se mojan en salsa y se comen de un bocado, mirando al cielo.
La primera vez me pareció un ritual rarísimo. Ahora es de mis momentos favoritos del año.
Mojando el calçot en la salsa antes de comérmelo.
Como veis en las fotos, yo me pongo guantes. Los puristas dirán que no, que se come con las manos y con babero. Yo prefiero no acabar con las uñas negras.
La salsa lo es todo
El calçot solo no sería lo mismo. La salsa, la romesco o la salvitxada, según a quién preguntes, lleva tomate, ñoras, frutos secos, ajo y aceite de oliva. Cada casa tiene la suya y cada una dice que es la buena.
Eso es lo que más me gusta de la cocina de aquí: productos sencillos, de temporada, y mucho aceite de oliva. En el fondo no está tan lejos de lo que me enseñaron en casa, en Brasil: cocinar con lo que da la tierra.
Comer bien también es disfrutar
Cuando preparaba mis competiciones, comía a gramo, todos los días lo mismo. Lo cuento en los meses que nadie ve. Fue necesario y lo volvería a hacer.
Pero fuera de esa etapa, para mí comer bien también es esto: sentarte con la gente que quieres, probar cosas nuevas y disfrutar de la comida sin culpa. No soy nutricionista y no doy pautas; te cuento cómo lo vivo yo.
La cocina catalana, de cerca
Además, la cocina me toca de cerca: soy la anfitriona de L'Antiga Sastreria, la pizzería de David en Navàs, donde hacemos maridajes y noches especiales. Lo cuento en anfitriona de L'Antiga Sastreria. Allí he aprendido mucho de producto y de vino.
Y si me preguntas qué me queda de Brasil en la cocina, te diré que la alegría. Eso no se pierde.
Si te apetece conocerme más allá del escenario, tienes mi historia y cómo es volver a casa después de un campeonato.